Fernando Celada

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Fernando Celada


Nació en Xochimilco el 30 de mayo de 1872 en el Barrio de San Pedro
A los 6 años empezó a escribir sus primeras composiciones. Luego se mudó a la capital en donde empezó a trabajar en algunas cosas relacionadas con el periodismo y se volvió aprendiz de una imprenta. Dentro sus estudios de la literatura, hizo estudios en declamación a los 24 años. En sus escritos, se revelaba contra el gobierno porfirista y la injusticia en México, por lo cual se convirtió en periodista de oposición.
Entre los libros que escribió se encuentran: "Cantos épicos a Juárez", "Martillos y yunques", "Bronces" e "Himnos de los martillos". Es recordado por su poema "La caída de las hojas".
Murió el 7 de julio de 1929 por problemas cardiacos.

LA CAÍDA DE LAS HOJAS
Cayó como una rosa en mar revuelto…
y desde entonces a llevar no he vuelto
a su sepulcro lágrimas ni amores.
Es que el ingrato corazón olvida,
cuando está en los deleites de la vida,
que los sepulcros necesitan flores.
Murió aquella mujer con la dulzura
de un lirio deshojándose en la albura
del manto de una virgen solitaria;
su pasión fue más honda que el misterio,
vivió como una nota de salterio,
murió como una enferma pasionaria.
Espera, – me decía suplicante –
todavía el desengaño está distante…
no me dejes recuerdos ni congojas;
aún podemos amar con mucho fuego;
no te apartes de mí, yo te lo ruego;
espera la caída de las hojas…
Espera la llegada de las brumas,
cuando caigan las hojas y las plumas
en los arroyos de aguas entumidas,
cuando no haya en el bosque enredaderas
y noviembre deshoje las postreras
rosas fragantes al amor nacidas.
Hoy no te vayas, alejarte fuera
no acabar de vivir la primavera
de nuestro amor, que se consume y arde;
todavía no hay caléndulas marchitas
y para que me llores necesitas
esperar la llegada de la tarde.
entonces, desplomando tu cabeza
en mi pecho, que es nido de tristeza,
me dirás lo que en sueños me decías,
pondrás tus labios en mi rostro enjuto
y anudarás con un listón de luto
mis manos cadavéricas y frías.
¡No te vayas, por Dios…! Hay muchos nidos
y rompen los claveles encendidos
con un beso sus vírgenes corolas;
todavía tiene el alma arrobamientos
y se pueden juntar dos pensamientos
como se pueden confundir dos olas.
Deja que nuestras almas soñadoras,
con el recuerdo de perdidas horas,
cierren y entibien sus alitas pálidas,
y que se rompa nuestro amor en besos,
cual se rompe en los árboles espesos,
en abril, un torrente de crisálidas.
¿No ves cómo el amor late y anida
en todas las arterias de la vida
que se me escapa ya?… Te quiero tanto,
que esta pasión que mi tristeza cubre,
me llevará como una flor de octubre
a dormir para siempre al camposanto.
¡Me da pena morir siendo tan joven,
porque me causa celo que me roben
este cariño que la muerte trunca!
Y me presagia el corazón enfermo
que si en la noche del sepulcro duermo,
no he de volver a contemplarte nunca.
¡Nunca!… ¡Jamás!… En mi postrer regazo
no escucharé ya el eco de tu paso,
ni el eco de tu voz… ¡Secreto eterno!
Si dura mi pasión tras de la muerte
y ya no puedo cariñosa verte ,
me voy a condenar en un infierno.
¡Ay, tanto amor para tan breve instante!
¿Por qué la vida, cuanto más amante
es más fugaz? ¿Por qué nos brinda flores,
flores que se marchitan sin tardanza,
al reflejo del sol de la esperanza
que nunca deja de verter fulgores?
¡No te alejes de mí, que estoy enferma!
Espérame un instante… cuando duerma,
cuando ya no contemples mis congojas…
¡perdona si con lágrimas te aflijo!…
-Y cerrando sus párpados, me dijo:
¡espera la caída de las hojas!
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¡Ha mucho tiempo el corazón cobarde
la olvidó para siempre! Ya no arde
aquel amor de los lejanos días…
Pero ¡ay! a veces al soñarla, siento
que estremecen mi ser calenturiento
sus manos cadavéricas y frías…!

El poema la caída de las hojas trata de dos amantes, en el cual el hombre está narrando cómo fue su sentir durante la muerte de su amada. Él está recordando su aspecto y sus últimas palabras mientras llora su muerte. Trataba de convencerla de que todavía no era el momento de irse, que su amor podría vencerlo todo; en su agonía la mujer le pide a su amado que se quede a su lado y le pide perdón por hacerlo sufrir tanto.
Elegimos este poema por la manera en la que habla de la muerte; es emotiva y desgarradora, también por como demuestra que nada es para siempre. Habla de un amor “eterno” que al final termina siendo olvidado, habla del abandono y del dolor al tener que dejar a alguien, de cómo todo puede desvanecerse en tan solo un momento y de lo duro que es enfrentar y aceptar la muerte.

NUBLOS
Ausencia quiere decir olvido,
decir tinieblas, decir jamás;
las aves pueden volver al nido,
pero las almas que se han querido,
cuando se alejan no vuelven más.
¿No te lo dice la luz que expira?
¡Sombra es la ausencia, desolación!…
Si tantos sueños fueron mentira,
¿por qué se queja cuando suspira
tan hondamente mi corazón?
¡Nuestro destino fue despiadado!
¿Quién al destino puede vencer?
La ausencia quiere decir nublado…
¡No hay peor infierno que haberse amado
para ya nunca volverse a ver!
¡Qué lejos se hallan tu alma y la mía!
La ausencia quiere decir capuz;
la ausencia es noche, noche sombría;
¿en qué ofendimos al cielo un día
que así nos niega su tibia luz?
Nuestras dos almas, paloma y nido,
calor y arrullo, no vuelven más
a la ventura del bien perdido…
¡La ausencia quiere decir olvido,
decir tinieblas… decir jamás!

El poema habla de dos almas que se separaron y no se volvieron a unir jamás, de la impotencia que se siente el tener que aceptar el hecho de que la ausencia y de que el olvido es lo único que nos queda al final. Habla de un alma en despecho y llena de tristeza y sentimiento de desolación.
Elegimos el poema porque el autor logró plasmar el sentir de alguien cuya esperanza en el recuerdo se ha ido. La manera en la que se da cuenta de que todas las promesas que nos hacemos y que nos hacen, terminan siendo una mentira y al final todo se olvida.


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