Jorge Luis Borges
Jorge Luis Borges
Nació en Buenos Aires en 1899 y murió en Suiza en 1986.
A los 6 años les dijo a sus padres que su vocación era la literatura, escribió su primera fábula en 1907 inspirándose con “Don Quijote de la Mancha”.
A los diez años publicó una traducción al castellano de “El príncipe feliz” por Oscar Wilde.
En el año 1914, al inició la primera guerra mundial, él y su familia recorrieron los escenarios bélicos europeos guiados por un ex profesor de psicología, pobre y ciego.
En 1921 fundó la revista “Prismas” con otros jóvenes, firmó el primer manifiesto ultraísta argentino y entregó la imprenta de su primer libro de versos, en 1925 publicó “Luna de enfrente” y “Cuaderno San Martín” en 1929.
Por los años 30 su fama en Argentina empezó a crecer, y desafortunadamente su padre fallece en 1938.
Sus trabajos más notables han sido “Ficciones”, “El Aleph”, “El libro de arena” entre muchos otros.
UN CIEGO
No sé cuál es la cara que me mira
cuando miro la cara del espejo;
no sé qué anciano acecha en su reflejo
con silenciosa y ya cansada ira.
Lento en mi sombra, con la mano exploro
mis invisibles rasgos. Un destello
me alcanza. He vislumbrado tu cabello
que es de ceniza o es aún de oro.
Repito que he perdido solamente
la vana superficie de las cosas.
El consuelo es de Milton y es valiente,
Pero pienso en las letras y en las rosas.
Pienso que si pudiera ver mi cara
sabría quién soy en esta tarde rara.
El poema pretende que veas la perspectiva de una persona, que jamás podrá verse, obviamente la vida de esa persona va a seguir y nos sabrá que ha cambiado su aspecto y que siempre le va a parecer extraño no saber como es.
Elegí este poema porque me es empático y considero que yo no sabría qué hacer si estuviera en una posición así porque no tendría idea de como me veo yo o como son las cosas a mi alrededor.
ALGUIEN
Un hombre trabajado por el tiempo,
un hombre que ni siquiera espera la muerte
(las pruebas de la muerte son estadísticas
y nadie hay que no corra el albur
de ser el primer inmortal),
un hombre que ha aprendido a agradecer
las modestas limosnas de los días:
el sueño, la rutina, el sabor del agua,
una no sospechada etimología,
un verso latino o sajón,
la memoria de una mujer que lo ha abandonado
hace ya tantos años
que hoy puede recordarla sin amargura,
un hombre que no ignora que el presente
ya es el porvenir y el olvido,
un hombre que ha sido desleal
y con el que fueron desleales,
puede sentir de pronto, al cruzar la calle,
una misteriosa felicidad
que no viene del lado de la esperanza
sino de una antigua inocencia,
de su propia raíz o de un dios disperso.
Sabe que no debe mirarla de cerca,
porque hay razones más terribles que tigres
que le demostrarán su obligación
de ser un desdichado,
pero humildemente recibe
esa felicidad, esa ráfaga.
Quizá en la muerte para siempre seremos,
cuando el polvo sea polvo,
esa indescifrable raíz,
de la cual para siempre crecerá,
ecuánime o atroz,
nuestro solitario cielo o infierno.
Un hombre viejo que ya no espera nada en su vida, acepta que vivió lo que la vida le deparó y da las gracias por lo que le sigue dando la vida aunque sean cosas pequeñas y sin valor comercial, ha quedado solo ya que todos sus conocidos se han ido y lo único que espera es lo inevitable, la muerte.
Elegí este poema porque me conmovió y trata de lo que todos vamos a vivir en un momento de nuestras vidas, que la muerte es algo inevitable y que podemos vivir en la rutina hasta el final o bien disfrutar cada día como si fuera el primero y cada noche como si fuera la última, pero que siempre debemos de alegrarnos por lo que la vida nos brinda.
Un hombre viejo que ya no espera nada en su vida, acepta que vivió lo que la vida le deparó y da las gracias por lo que le sigue dando la vida aunque sean cosas pequeñas y sin valor comercial, ha quedado solo ya que todos sus conocidos se han ido y lo único que espera es lo inevitable, la muerte.
Elegí este poema porque me conmovió y trata de lo que todos vamos a vivir en un momento de nuestras vidas, que la muerte es algo inevitable y que podemos vivir en la rutina hasta el final o bien disfrutar cada día como si fuera el primero y cada noche como si fuera la última, pero que siempre debemos de alegrarnos por lo que la vida nos brinda.
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